Informe del Equipo Científico del CAS : Infecciones fúngicas: nuevos retos en el tratamiento. American Chemistry Society. July 2, 2025.
Resumen
Las infecciones fúngicas representan una amenaza importante y creciente para la salud mundial, ya que afectan a millones de personas cada año. Estas infecciones van desde afecciones superficiales, como el pie de atleta y la candidiasis oral, hasta enfermedades sistémicas graves y potencialmente mortales, como la candidiasis invasiva, la aspergilosis y la criptococosis.
Hay varios factores que están contribuyendo al aumento de la incidencia de las enfermedades fúngicas y las complicaciones del tratamiento. El cambio climático y las infecciones asociadas a la atención sanitaria están modificando los patrones de aparición, lo que aumenta la posibilidad de contraer infecciones fúngicas. El coste del desarrollo de nuevos fármacos también está ralentizando el proceso de búsqueda de nuevos tratamientos clínicos para estas infecciones. Aunque normalmente la investigación aumentaría en esta fase, estamos observando un estancamiento y un descenso de las publicaciones y los ensayos clínicos.
Afortunadamente, existen muchos enfoques innovadores para mejorar el tratamiento de las enfermedades fúngicas. La inteligencia artificial y la edición genética son nuevas opciones terapéuticas importantes. La reutilización de fármacos y las terapias combinadas aprovechan los medicamentos existentes para mejorar su eficacia. Los biomateriales y los métodos de administración mejorados también ofrecen nuevos enfoques potenciales. Con el renovado interés de los investigadores y la industria farmacéutica, podemos implementar avances en el tratamiento de las infecciones fúngicas y evitar el empeoramiento de la incidencia de estas infecciones en pacientes de todo el mundo.
Introducción: creciente problema de las enfermedades fúngicas
Las enfermedades fúngicas constituyen una amenaza para la salud mundial importante, aunque a menudo pasada por alto, que afecta a aproximadamente 6,5 millones de personas al año y provoca más de 3,8 millones de muertes. A diferencia de la mayoría de las enfermedades infecciosas, las infecciones fúngicas se deben principalmente a la exposición ambiental, al crecimiento excesivo de comensales o a la reactivación de infecciones latentes. En 2022, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó su primera clasificación de patógenos fúngicos en categorías de prioridad crítica, alta y media, lo que subraya el creciente reconocimiento de esta amenaza y tiene como objetivo centrar los esfuerzos de respuesta global en combatirla.
Múltiples factores están impulsando cambios epidemiológicos significativos en las enfermedades fúngicas. Los avances médicos modernos, han creado efectos paradójicos: el uso profiláctico de antifúngicos ha reducido la incidencia de candidemia en determinadas poblaciones, al tiempo que ha favorecido el desarrollo de sus resistencias. El uso cada vez mayor de medicamentos inmunosupresores, regímenes quimioterapéuticos y antibióticos ha creado nuevas poblaciones de riesgo en aumento. La mejora en los tratamientos para enfermedades que antes eran mortales ha prolongado la supervivencia de los pacientes, lo que ha aumentado las posibilidades de que se desarrollen infecciones fúngicas. Además, el aumento del uso de dispositivos y procedimientos médicos invasivos ofrece nuevas vías para que los hongos comensales accedan a los tejidos y al torrente sanguíneo.
El cambio climático también está desempeñando un papel fundamental en la propagación de las enfermedades fúngicas (véase la figura 1). A medida que aumentan las temperaturas, regiones que antes eran inhóspitas para diversos hongos se están volviendo más adecuadas, lo que amplía su alcance a poblaciones que antes no estaban expuestas. Un ejemplo convincente de esta expansión del área de distribución impulsada por el clima es el Coccidioides, hongo responsable de la fiebre del valle. Históricamente confinado a los entornos cálidos y áridos del suroeste de Estados Unidos, México y partes de América Central y del Sur, este patógeno ha demostrado una preocupante migración hacia el norte. En 2015, los investigadores documentaron la presencia de Coccidioides en el estado de Washington, una región que antes se consideraba demasiado fría para que este hongo se estableciera.
Las temperaturas más altas también impulsan adaptaciones evolutivas en los hongos, lo que les permite desarrollar una mayor tolerancia al calor y superar la barrera térmica que históricamente ha protegido a los seres humanos de las infecciones fúngicas. Candida auris ejemplifica esta preocupante tendencia: en Estados Unidos, su prevalencia aumentó más de un 200 % entre 2019 y 2021.
Los desastres naturales provocados por el cambio climático, como las inundaciones y los incendios forestales, aumentan significativamente el riesgo de infecciones fúngicas. Las inundaciones crean entornos ideales para el crecimiento de hongos, ya que generan una humedad generalizada que es esencial para la germinación de las esporas. Los incendios aerosolizan las esporas fúngicas, que pueden viajar distancias significativas, exponiendo a poblaciones alejadas de los lugares originales del incendio. Este mecanismo ha desencadenado múltiples brotes de coccidioidomicosis entre los bomberos y las comunidades distantes.
El cambio climático no solo expone directamente a los seres humanos a más patógenos fúngicos, sino que también impulsa la resistencia a los antifúngicos debido al uso excesivo de estos tratamientos en los campos agrícolas. El aumento de las temperaturas potencia la virulencia de los hongos, lo que obliga a aplicar más fungicidas agrícolas para proteger los cultivos. Este uso generalizado de azoles agrícolas, especialmente en las regiones cálidas, se ha convertido en un factor crítico para el desarrollo de la resistencia.
Las investigaciones demuestran que la combinación del estrés térmico y la exposición a los azoles crea las condiciones ideales para acelerar la evolución de la resistencia en hongos patógenos como Aspergillus fumigatus, las especies de Candida y las especies de Cryptococcus. La reciente identificación de Rhodosporidiobolus fluvialis, capaz de provocar mutaciones inducidas por la temperatura, proporciona una prueba más de que el aumento de las temperaturas globales puede acelerar la evolución de la resistencia y la hipervirulencia en los hongos, lo que plantea retos importantes para el tratamiento clínico en nuestro clima cada vez más cálido.......
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Nueva presentación el 13 de Agosto
Dr. Anibal E. Bagnarelli,
Bioquímico-Farmacéutico,UBA.
Cordiales saludos.
Ciudad de Buenos Aires. R. Argentina